Me pone muy nerviosa estar en el aeropuerto y ver que todo el mundo sabe perfectamente hacia dónde tiene que ir, pero yo siempre tardo bastante en situarme y en saber en qué mostrador tengo que sacar la tarjeta de embarque y facturar la maleta.
- Buenos días, quería saber dónde está el Puente Aéreo- pregunto con voz temblorosa a un guardia de seguridad.
- Siga recto y podrá ver un cartel a la derecha-.
- Gracias-.
- Qué tenga un buen día señorita-.
De repente, veo que me estoy sentando encima de un chico.
- ¡Lo siento, de verdad! ¡Qué vergüenza!-.
- No te preocupes, está todo bien-.
- Es que no te había visto, estoy un poco nerviosa-.
- Tranquila. ¿Es tu primer viaje en avión?-.
Soy demasiado patosa, la verdad es que había pasado más vergüenza en otras ocasiones, esto no había sido nada. Creo que me ha preguntado algo, pero no tengo ni idea de qué es. Estoy demasiado atontada mirándole a los ojos. Tiene unos ojos verdes preciosos y una sonrisa que hace que me tiemblen las piernas mucho más de lo que ya lo hacían por los nervios.
- Perdona, ¿qué decías?-.
- Solo te preguntaba si era un viaje por trabajo-.
- Oh, más o menos. La verdad es que me mudo allí por algún tiempo-.
- ¿De verdad? ¿Y conoces a alguien allí?-.
- No, no conozco absolutamente a nadie-.
- Bueno, pues si necesitas algo, no dudes en llamarme. Aquí tienes mi tarjeta-.
Se llama Pablo y es periodista. Nos despedimos y cada uno se va por su lado.
Después de una hora, el avión aterriza y me dirijo a recoger el equipaje. Me da la sensación de que todo va a ir bien, de hecho, tengo el presentimiento de que me voy a quedar en este lugar por bastante tiempo.
Levanto la vista un momento y veo varios letreros con el nombre del aeropuerto: El Prat.
Hace unos meses había alquilado un apartamento por Internet, así que cojo un taxi y le doy la dirección.
No me había imaginado que esta ciudad fuera así, es enorme y es un lugar que da al Mar Mediterráneo, es un lugar lleno de color y de vida.
Ya he llegado: Paseo de Gracia, número 18.
Supongo que la casera del piso me estará esperando arriba. Subo en el ascensor y llego al quinto. Llamo al timbre y me abre la puerta una mujer de unos cincuenta años muy bien vestida y con cara de pocos amigos.
- Buenos días, ¿eres Alicia, verdad?- me pregunta mientras me recibe en el hall.
- Sí, soy yo, encantada. Tiene una casa preciosa-.
- Vaya, gracias. Espero que estés cómoda. Al final, ¿qué trabajo te han ofrecido?-.
- Bueno, en el departamento de publicidad de Custo Barcelona-.
Aunque ya había trabajado en una agencia publicitaria en Madrid, apenas tenía experiencia en el mundo profesional, pues había salido de la universidad hacía solo dos años. Sin embargo, ahora que había perdido ese trabajo, me esperaba algo totalmente nuevo, un nuevo trabajo y una nueva vida en aquella ciudad maravillosa.
Al asomarme por el balcón tengo unas vistas impresionantes. Me dan ganas de recorrerme todas las calles de ese lugar desconocido. Pero, lo que tengo que hacer ahora es instalarme y empezar a familiarizarme con la ciudad, con sus gentes y, sobre todo, con el ambiente.
Después de haber deshecho la maleta, me decido a salir a pasear por el Parque Güell y por otra de las zonas más famosas de Barcelona: Las Ramblas. Me deleito con el aroma de los puestecitos de flores que hay, y una sonrisa se me dibuja en el rostro al pasar por dos de mis tiendas de ropa preferidas: H&M y Zara. Pero hay tanta gente que empiezo a agobiarme, así que, al ver un Starbucks, entro. Cierro los ojos y, al oler el café y las magdalenas, me acuerdo de todas las tardes que he pasado en un Starbucks con mis amigas. Vuelvo a la realidad, aunque también vuelvo a ser torpe. No me puedo creer que acabe de chocarme con la misma sonrisa y los mismos ojos que hace unas horas. Es Pablo, el periodista que vestía de traje, el chico al que casi aplasto en el aeropuerto de Madrid- Barajas. Comenzamos a hablar y me invita a un frapuccino.
No solo estoy feliz de que el destino nos haya vuelto a juntar, sino de que también he podido estrenar mis gafas de sol en una ciudad donde el sol brilla más que nunca y en la que mi historia está a punto de comenzar.
Paz Olivares.





Un buen comienzo. Me ha encantado la historia y, por un momento, me ha trasladado a Barcelona, una ciudad que me encanta. Gracias!
ResponderEliminarmuchísimas gracias Esther :)
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