jueves, 5 de diciembre de 2013

Un árbol con historia

En Madrid ya pudimos ver cómo se iluminaban las calles hace unos días, pero creo que hay un lugar muy concreto en el mundo que marca el comienzo de la Navidad. Vale, ya sé que todavía estamos empezando el mes de diciembre y que todos pensamos que los villancicos deberían ponerse solo en los días clave de estas fechas. También estamos hartos de llevar desde el mes pasado escuchando "ya es Navidad en el Corte Inglés" y viendo todos los anuncios de juguetes que son posibles en la televisión. Ya sé que las promociones de viajes de esquí y los catálogos de centros comerciales no paran de llegarnos, pero es que tenemos que reconocer que somos amantes de las luces, las compras, los amigos invisibles (que, por cierto, aún tengo que idear algo para el mío), las comidísimas, el olor a chimenea y las películas de Papá Noel en las tardes de frío.

Luces navideñas en Madrid

Os decía que existe un lugar en este mundo que tiene mucha influencia para todo y, como no podía ser menos, también marca el inicio de las fiestas más mágicas del año. Supongo que sabréis a qué sitio me refiero, pero si no os daré dos pistas: Rockefeller Center. ¿Ahora sí, no? Antes de nada, deberíamos saber que el Rockefeller Center es un complejo de 19 edificios situado en el centro de la ciudad, más concretamente entre la Quinta y la Sexta Avenida. Fue diseñado por el magnate del petróleo John D. Rockefeller. Su idea era transformar la zona en el segundo distrito de negocios más importante de Nueva York por detrás de Wall Street. Y, si queréis un consejo, cuando vayáis a Nueva York, merece la pena subir a la planta 70 del edificio principal, en la que se sitúa el "Top of the Rock". Además, es una buena alternativa al mirador del Empire State Building y, para mi gusto, tiene mejores vistas. 

Pues bien, en pleno centro de Manhattan lleva encendiéndose cada año desde 1933 el árbol de Navidad (23 metros de altura) más famoso e impresionante que existe. Y fue ayer cuando, a las 9:00 de la noche, el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg dio el aviso para que la ciudad que no duerme reluzca más que nunca. 45.000 focos de colores ahorradores de energía, una estrella de cristal Swarovski de 2,8 metros y algunos ángeles de alambre adornan ya la plaza de Rockefeller. 


La tradición comenzó durante la construcción del Rockefeller Center, cuando los obreros colocaron un pino de seis metros y lo adornaron con arándanos y papeles de colores. 



La Navidad se respira en el ambiente. Así, la pista de hielo de este enclave, que estaba abarrotada ayer por las miles de personas que no quisieron perderse este mágico momento a pesar del frío, acogió los villancicos interpretados en directo por Rod Stewart y Mariah Carey, que interpretó el que es ya un himno de las fechas navideñas "All I want for Christmas is you".


Espectaculares vistas aéreas del centro de la plaza neoyorquina


Dad la bienvenida a la época del año cargada de ilusión y, por supuesto, bienvenido seas Diciembre. 

Paz Olivares. 

















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jueves, 28 de noviembre de 2013

Marca la diferencia


Érase un día cualquiera en el que me despierto por la mañana, un día cualquiera en el que miro el reloj y veo que llego tarde a clase. Me pasa muchas veces porque, a pesar de ponerme tres alarmas con diez minutos de diferencia entre ellas, la pereza y el sueño son superiores a mis fuerzas. Y entonces llega el momento en el que mis pies sobrevuelan la cama y empiezan a arrastrarse por el parqué de mi habitación. Y como cada día me viene a la mente el típico pensamiento femenino delante de un armario lleno de ropa, llega el “¿qué me pongo?”. Pues bien, vaqueros pitillo y un jersey simple, un conjunto sencillo que, adornado con unos bonitos complementos hace que parezca planificado. Después de todo, el estilo de ropa que llevas es la forma superficial de mostrarte al mundo, que, queramos reconocerlo o no, es muy importante.


De camino a la facultad, de nuevo vamos mi coche y yo escuchando la música de siempre, con alguna que otra novedad en el Ipod, pero sin llegar a ser algo que se salga de lo normal. Los atascos y los semáforos al adentrarme en Madrid aparecen como de la nada, molestándome en cada uno de mis segundos, recordándome que tendría que salir mucho antes de casa. Llego a clase y me encuentro con la misma gente de siempre, los  bostezos matutinos de todos los días, las ojeras de cada mañana y el habitual deseo de que se acabe el día o de que llegue el viernes lo antes posible.


Llego a casa y lo único que se me pasa por la cabeza son trabajos, exámenes, prácticas y proyectos de todo tipo. Veo estrés por todas partes, siento millones de cosas a mi alrededor que me agobian y que me obligan a respirar hondo a cada rato. Miles de preocupaciones y de obligaciones en mi día a día. Miles de problemas sin resolver que me llevan al borde de la desesperación en muchas ocasiones. Eso nos pasa a todos. Somos humanos y, como tales, tenemos el deber de saltar todos los obstáculos que se nos ponen por delante, hemos de obligarnos a nosotros mismos a tomar las riendas de nuestra rutina y a convertirla en una “no rutina”.


Con una “no rutina” me refiero a que existe también una manera fantástica de vivir el día a día, puedo explorar una nueva forma de enfrentarme a lo cotidiano. En cada uno de los momentos de agobio, puedo buscar cosas que me hagan ver que todo sigue, que todo agobio se puede convertir en un esfuerzo más para conseguir lo que quiero. En cada instante de desesperación puedo recurrir a algo que me haga ver que no puedo quedarme atascada en un mismo punto, sino que de todo se pueden obtener ventajas. 

Lo cierto es que pienso que todos somos capaces de ver algo fuera de lo común en cada rato de nuestro día a día. Creo que, como se suele decir, a veces lo normal puede ser extraordinario y que no todos los días son iguales. Puede que parezca lo mismo de siempre, que todos los días a la misma hora nos levantemos, que cada tarde de invierno anochezca a las seis, que todas las noches pongamos la alarma del móvil antes de irnos a dormir o que veamos todos los días a las mismas personas. 


¿Y qué hago yo? Pienso en el sol que puede alegrar un día de otoño, pienso en estrenar mi abrigo nuevo en un día de frío intenso, pienso en disfrutar de una pequeña chocolatina después de comer, pienso en un rato de lectura de un maravilloso libro que puede amenizarme un tiempo muerto, pienso en miles de detalles que hacen que todo lo que haga a lo largo de un día de supuesta rutina se conviertan en miles de detalles que hacen que las horas que he estado despierta hayan sido valiosas.

Lo ordinario, lo diario o lo convencional puede llevarse más allá. Podemos buscar muchos caminos para recorrer en el día a día. Lo que sí ocurre es que no somos conscientes de que hacer siempre lo mismo está pasado de moda y que siempre podemos marcar la diferencia. Así que recordad... 



Paz Olivares.